Lágrimas de luz, de Rafael Marín, editorial Gigamesh.
Novela situada durante la “Tercera Edad Media”. Hamlet Evans cuenta su vida, desde sus orígenes en la Tierra, donde nació, hasta un lugar indeterminado del espacio, donde regenta un circo (en el que también trabaja como payaso). Como contraste, siempre está presente la Corporación, la organización que controla Nueva York (un ente indeterminado, que podría ser un ordenador, o un humano “ampliado”, o ve a saber qué).
Entre estos dos extremos, la mayor parte del libro narra la preparación del protagonista como “poeta” en Monasterio, y su trabajo posterior como tal, en varios “rompehielos”. Los poetas se dedican a glosar, en una especie de cantares de gesta, las aventuras de los guerreros que participan en la Conquista. Hamlet se acaba cansando de hacerlo, y la segunda parte de la novela cuenta su vida tratando de sobrevivir, ya fuera de su puesto en el ejército. Descubre el teatro, al que se dedica durante un tiempo con dos veteranos actores que le enseñan el oficio (aunque es una actividad prohibida), y acaba en el circo cuando su pequeña compañía es detenida por la Corporación.
Hace mucho que la Corporación, basada en la Tierra, domina gran parte de la Galaxia. En sus límites, el Confín, tiene lugar la Conquista, lucha permantente que busca nuevos planetas que explotar, a la vez que trata de arrinconar y eliminar cualquier oposición (humanos que se enfrentan a la Corporación, pero también otras especies, supuestamente alienígenas). Sobre este fondo de guerra continua, en los dominios de la Corporación viven humanos explotados, trabajando en malas condiciones para el bien de algunas minorías (“técnicos y administradores”). El teatro y el circo son peligrosos para el dominio de la Corporación porque hacen pensar, y por eso los persigue.
El trasfondo descrito se usa para narrar lo salvaje de la guerra de conquista, la esquilmación de planetas enteros, la sinrazón de la destrucción. Pero sobre todo, para contar la historia personal de Hamlet, y cómo evoluciona desde su situación inicial, donde lo único que quiere es escapar de la Tierra y viajar por el espacio, aprovechando su talento literario (que le llevará a su profesión de “poeta”) hasta que “descubre” cómo “son las cosas”, y se dedica a ejercer la poca libertad que puede.
Quizás la historia es demasiado simplista, demasiados buenos y malos, demasiados callejones sin salida. Desde luego, muy pesimista. Pero bien llevada: al menos a mi me ha enganchado lo suficiente para seguirla. Quizás un poco exageradas las elucubraciones sobre el teatro, sobre lo que puede hacer el individuo en este escenario. Quizás buscaba algo más ligero, no sé. En cualquier caso, el autor es bastante pesimista, eso no se puede dudar…
Algunos detalles que me han llamado la atención. Las obras de los poetas es anónima, y lo importante de ellas es que sean “adoptadas” por otros, que evoluciones, que sean cambiadas. El modelo es el de los cantares de gesta, desde luego, pero también se parece mucho al modelo de cultura libre (libre redistribución, libre reelaboración). Notable que el autor entre por ese camino hace ya bastantes años (la primera edición de la novela parece ser de 1984). Sin embargo, ninguna mención a los medios de comunicación: parece que la distancia física impide la comunicación: Hamlet pierde contacto con todos los que conoce cuando se embarca en un rompehielos, y ya no vuelve a recuperarlo (salvo con uno de sus amigos de la juventud en la Tierra, y sólo de forma accidental). Bueno, quizás simplemente era algo que no interesaba al autor, o quizás yo estoy muy mediatizado por la importancia que le doy a la “hipercomunicación” que tenemos hoy día (y que sólo parece camino de aumentar).
La Corporación: mezcla de gobierno, empresa, vé a saber qué más, que domina, controla, explota. Una metáfora de la dominación, supongo…
Rompehielos: las mayores naves de guerra de la Corporación. Todo soldados. Entre ellos (miles) un solo poeta.
Monasterio: un “asteroide” (aunque por la descripción parece más bien planeta pequeño) donde se forman los poetas. Parece que es el único reducto de aprecio a la cultura en toda la galaxia… Un guiño más a la Edad Media en Europa Occidental, supongo (el libro se encuentra lleno de ellos).
Al final del libro, dos cuentos cortos. Para mi gusto, en algunos aspectos más interesantes que la novela (o quizás sólo más ágiles, no sé): “A tumba abierta” y “Ébano y acero”. En el mismo “escenario galáctico”, pero explorando en el primer caso una situación límite bien concreta, y en el segudo reelaborando el tema de la falta de expectativas.
En la Red hay mucha información sobre el autor y sobre el libro
Todo con todo, me quedan ganas de leer más a Rafael Marín. Se aceptan recomendaciones…